Página en contrucción
Florecer como quien no quiere la casa, más o menos como decir que le escapamos a las clasificaciones. Confesar que nos mueve un cierto espíritu anárquico en La Cebra. El tiempo, lapidario, nos ha llevado, pero lo ha hecho en casi todos los casos después, de algún modo a clasificar los libros, pero como quien ordena una caja de lápices de colores, o los zapatos en el placard: para que ojear un catálogo o una página web, sea más fácil. Es decir: menos con un afán de clasificar las escrituras –bajo equis supuestos de quien clasifica– como de facilitar la búsqueda de los libros, y que éstos no se pierdan en un desierto. Existen con todo algunas excepciones: Reuniones, colección en la que se dan cita textos escritos por más de dos, con un criterio totalmente práctico; o Litteramericana, en la que se dan cita con cierta homogeneidad en la visualidad, algunos libros que de algún modo se tocan –salvo uno quizás–, aunque también se tocan con otros libros del catálogo quizás con mayor intensidad, y por un gesto arbitrario pareciera que no, que sólo con estos, con los que se tocan únicamente por esa violencia clasificatoria, reguladora, de la editorial; o en fin la Biblioteca Patricio Marchant, es antes que nada testimonio de amistad. Agrupamos aquí, entonces, bajo el nombre común de colecciones, colecciones que no terminan de serlo, y a las que nos hemos resistido, aún cuando las hemos afirmado.